Entre la comunidad venezolana que vive en Bloomington-Normal hay reacciones diversas frente a la caída de Nicolás Maduro. Mientras algunas personas celebran el hecho como el inicio de un camino hacia la libertad, otras mantienen reservas y dudas sobre las consecuencias políticas y sociales que podría traer para Venezuela. Para conocer estas posturas desde una perspectiva local, la redacción de Qué Pasa en BloNo conversó con venezolanas que ocupan cargos reconocidos en la comunidad y que llevan varios años residiendo en la zona, con el fin de recoger sus impresiones y vivencias ante un hecho histórico.

Intervención, no invasión

Marinelly Castillo, profesora de español en Illinois State University y residente de BloNo desde 1999, describió el arresto de Nicolás Maduro como “una alegría muy grande” y calificó la actuación de Estados Unidos como una intervención “más que necesaria”, ante el deterioro sostenido de las condiciones de vida en Venezuela. Castillo recordó que durante más de 40 años la presencia estadounidense en la industria petrolera dejó “infraestructura y una industria petrolera que funcionaba”, en contraste con lo ocurrido durante los gobiernos de Hugo Chávez y Maduro. Al enumerar la crisis actual, mencionó jubilaciones de “tres, diez o cincuenta dólares después de trabajar treinta años”, salarios docentes que “no llegan ni siquiera a un dólar” y profesionales obligados a buscar ingresos extra para sobrevivir. Frente a las críticas al rol de Washington, fue tajante: “Aquellos que odien a Trump lo pueden odiar, pero no me vengan a decir que por odiar a Trump van a amar a un dictador, a un asesino, a un narcotraficante”.

Incredulidad y alivio

Judayne Castillo, Welcoming Center Manager de The Immigration Project y residente de Bloomington-Normal desde 2018, describió su reacción como una mezcla de incredulidad, alivio y justicia tras años de decepción. “Por tantos años hemos llevado tanta decepción que todavía no puedo creerlo. Aún lo estoy asimilando”, dijo. Castillo explicó que, junto a la sorpresa, sintió una alegría profunda y un sentido de reparación moral: “Es como cuando ves una novela y al final se hace justicia. Algo así”. Aunque reconoce que el proceso está lejos de concluir, considera que la salida de Maduro era necesaria. “Si se esperaba que él dejara el poder por su propia voluntad, eso no iba a pasar nunca”, afirmó. Para Castillo, el momento actual despierta emociones encontradas: miedo, incertidumbre, esperanza, pero también gratitud. “Estoy feliz porque se llevaron a Maduro. Siento que se hizo justicia y que estamos comenzando un camino hacia la libertad de Venezuela, que todavía no lo es, pero ahí vamos”.

Calma y cautela

Gabriela Montaigne, venezolana residente en BloNo desde 2018, expresó una reacción marcada por la cautela ante la detención de Nicolás Maduro. Aunque reconoció que existe alegría, aclaró que “todavía no me atrevo a celebrar”, debido al nerviosismo y la incertidumbre que persisten. Según Montaigne, “no había otra manera de que esto pasara, porque nuestro país ha estado secuestrado durante todos estos años” y subrayó la ausencia de una salida democrática. Al mismo tiempo, advirtió sobre los intereses en juego y pidió prudencia: “No quiero romantizar lo que está sucediendo… hay que ser cuidadosos, tenemos que tener calma”. Espera que cualquier acción futura tenga como prioridad al pueblo venezolano, “su seguridad, su dignidad y que le garanticen sus derechos”, y concluyó que, más que milagros, hoy pide “responsabilidad” y una transición transparente que no deje al pueblo “por fuera”.

Las reacciones expresadas reflejan el sentir de una diáspora que sigue con atención cada paso de lo ocurrido en Venezuela tras los acontecimientos del 3 de enero de 2026, una fecha que marcó un punto de quiebre político para ese país y abrió un periodo de transición aún en desarrollo. Mientras se definen los próximos escenarios institucionales y el rumbo del liderazgo venezolano, la comunidad en el exterior permanece dividida entre la cautela y la esperanza, consciente de que el cambio no será inmediato, pero con la expectativa compartida de que este momento represente el inicio de una etapa distinta para Venezuela.


Por Gabriela Sánchez

Marinelly Castillo y Stephanie Corro sosteniendo la bandera venezolana en el Uptown Normal. | Foto cortesía Stephanie Corro.
Familia Castillo celebrando en el Uptown de Normal. | Foto cortesía de Stephanie Corro.

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